viernes, 5 de octubre de 2007

Un espejo con ruedas

Por Renzo Dasso

Una de “frases para el bronce del coahing” que más me marcó fue “en la vida somos como actuamos, y actuamos como somos”. La profunda y simple verdad de estas palabras me hizo “clic” de inmediato y me abrió los ojos a cómo mi forma de ser se refleja en mis dichos, decisiones, lo hago o dejo de hacer, cómo lo hago, en fin. Todo lo que hago es un espejo perfecto de mi forma de ser. Si voy un poco más allá, veo cómo he creado mi vida prácticamente a mi propia imagen y semejanza, por decirlo de alguna forma. He creado mi vida como soy. Así de simple.

Hago este preámbulo porque hace unos días, en casa de unas amistades, participé en una discusión sobre el nuevo sistema de transporte urbano de Santiago, nuestro querido y nunca bien ponderado Transantiago. En medio del debate recordé la máxima en cuestión, y pensé que es perfectamente aplicable a un sistema colectivo o social. De repente me aparece el siguiente pensamiento: “el Transantiago es como somos”. Debo haber pensado en voz alta, porque todos me miraron con cara de “ya estás hablando tus cosas raras del coaching”. Pero lo que quise decir (y así lo expliqué) es que, más allá del gobierno de turno o la postura que cada uno pueda tener, el Transantiago es un reflejo de cómo somos los chilenos. Es tanto lo que aparece de nosotros en él que me impresiona.

A mi modo de ver, el Transantiago nos refleja en una forma muy curiosa: es una amalgama de nuestros clichés, de todos los juicios que hacemos sobre nosotros mismos. Pueden ser más o menos ciertos, pero así creemos que somos. Quisiera referirme brevemente a un par de ellos para exponer mi punto.

Primer cliché: “Los chilenos copiamos todo”. Sabido es que la idea original del Transantiago es el plan de transporte de Bogotá, Colombia. Pero, viendo y leyendo los numerosos reportajes que han aparecido en la prensa comparando ambos sistemas, al parecer estamos ante un verdadero copy-paste. Pero lo que funciona bien en un país a veces no funciona de la misma forma en otro. Es cosa de mirar las multitudes que se agolpan en los paraderos por la mañana. Lo que me llama la atención es que hayamos copiado una idea colombiana y no estadounidense.

Segundo cliché: “Los chilenos hacemos las cosas a medias”. Recuerdo cuando Coco Legrand preguntaba “¿te has fijado que, en Europa, las puertas de corredera… corren?” No creo que nadie pueda decir que el Transantiago está terminado. Es como si quisiéramos ir de viaje en un auto con dos ruedas buenas, la tercera medio desinflada y la última de repuesto, pero esa rueda chica que traen algunos autos ahora. El tema es que todavía no vamos al servicentro a cambiar las ruedas por otras en buen estado. Dos ruedas en esta metáfora serían el sistema de cobro y los GPS, que aún no funcionan a plena capacidad o no se implementan aún.
Bonus Track: el consabido “jurel tipo salmón”. Me parece que aquí tenemos que hacernos una pregunta: ¿Queremos ser o no ser? Por lo que recuerdo, una de las razones de implementar el Transantiago era eliminar las micros amarillas. Se habló de buses más nuevos, con mejor tecnología, menos contaminantes, etc. Hasta ahí todo bien. De que hay buses con esas características dando vueltas, los hay. Pero juraría que la gran mayoría de los buses son las mismas micros amarillas de antes, sólo que ahora están pintadas de verde y blanco. Es cosa de preguntar a la Agrupación de Víctimas de Accidentes del Tránsito (Avat) que lanzará una campaña para identificar las micros más viejas del Transantiago.

Es cierto que el Transantiago puede ser mejor, por decir lo menos. Pero como entre los blancos y los negros hay toda una gama de grises, hay algo positivo que rescato de él. Siento que, aunque muy tenue, algo está cambiando en nuestra forma de ser. Con satisfacción he visto cómo estamos reclamando más y exigiendo nuestros derechos. Como que ya no aguantamos tanto. Es como si comenzáramos a despertar, a abrir los ojos. Ojala que no nos quedemos dormidos de nuevo.

Despertar es absolutamente necesario si queremos progresar como país y planeta. No podemos seguir dándonos el lujo seguir dormidos. Debemos ser más participativos en la co-creación de nuestra realidad. Hemos hecho muchas otras cosas bien. ¿Por qué el Transantiago debería ser diferente? Lo hemos creado; por lo tanto, tenemos el poder para que sea como nosotros queramos. No es fácil, pero no imposible. Cada uno de nosotros puede hacer algo. En otras palabras, ¿qué queremos que el Transantiago refleje de nosotros? Y, aún más importante, ¿qué refleja de mí? Dejo extendida la invitación para mirarnos en el Transantiago y ver cuáles son los clichés de nuestras vidas. Tomando responsabilidad por nosotros mismos, podemos responsabilizarnos por una parte y luego por el todo.

Comentarios, sugerencias, etc. a rdasso@icfchile.cl

1 comentario:

Felipe dijo...

Vivo hace 20 años en Chile y lamento mucho los resultados del Transantiago, pero soy Colombiano y Bogotano, donde estamos bastante orgullosos del sistema "Transmilenio", que en realidad "inspiró" el Transantiago. Por desgracia en Chile no se "copió" pues si fuera así sería otra la realidad.
El autor del articulo cae fácilmente en preguntarse por que no se copió a un sistema gringo. La respuesta es sencilla, es un sistema creado por latinoamericanos, para la realidad de las ciudades latinoamericanas, que es exitoso y que cuesta 10 veces menos que hacer una linea de metro.
Quien quiera montar en transmilenio en Bogotá se encontrará con estaciones en superficie, cerradas, con boletería, "todos los buses" son modernos y comprados específicamente para este sistema,puntualidad y vias exclusivas, entre otras cosas.
En Bogotá está tan arraigado el Transmilenio, que vendian, hasta hace unos años, los buses rojos a escala como juguete para los niños.